Río Bogotá

¿Qué es?

El río Bogotá es uno de los ríos del departamento de Cundinamarca, en el centro de Colombia. Es el principal cauce fluvial de la sabana de Bogotá. No es navegable ni caudaloso. Desemboca en el Magdalena, que llega al mar Caribe. En su cuenca viven unas 9.000.000 de personas, de los cuales 8.500.000 en Bogotá. Tiene una longitud aproximada de 380 km. Presenta altísimos niveles de contaminación. Aunque está contaminado desde muy cerca de su nacimiento, a los 8 km de su nacimiento recibe el primer impacto a ingresar a sus aguas toda clase de venenos de la industria de las curtiembres, el grueso de los tóxicos y desechos industriales y urbanos se los debe a Bogotá. Desde hace varias décadas se han desarrollado programas e iniciativas para descontaminarlo, sin embargo, en la fundación tenemos esta filosofía y pensamiento: NO SE TRATA DE DESCONTAMINAR, SE TRATA DE NO CONTAMINAR. El río Bogotá ha venido en franco deterioro, pese a los esfuerzos que parecen más bien inútiles, que efectivos y prometedores. Solo basta navegar sus putrefactas aguas, sus negras y pestilentes aguas, aguas que reflejan de manera irónica nuestra medida de civilidad y civilización, para quedar desconcertados y sorprendidos, descubriendo el comportamiento y relación, de los habitantes de la ciudad empresarios, industriales y especialmente, entidades del estado, con el agua. El río Bogotá es el fiel reflejo de nuestro comportamiento ciudadano; y del estado, el reflejo del comportamiento de los sucesivos gobiernos, pasados y presentes.
La Fundación Al Verde Vivo ha venido conociendo este problema y fenómeno, desde hace más de 26 años, realizando varias navegaciones, recorridos y sobrevuelos, con el propósito de conocer y dar a conocer; de poner en la mesa el problema, verlo, dimensionarlo y promover la decisión de iniciar un proceso complejo para su recuperación y de crear y desarrollar soluciones complejas. Estamos hablando del agua para una ciudad de más de 8.000.000 de habitantes. Y llegarán más desplazados, porque crecerá la guerra, como en otra época crecían las audiencias frente a las escalinatas. Es posible que se revierta la situación y los habitantes de Bogotá nos veamos en la obligación de desplazarnos afuera, buscando con añoranza el archipiélago vertical, acercándonos al mar y alejándonos de la montaña, del páramo en donde nace el agua y vive el señor aguacero. Solo a los bárbaros, sin visión de tiempo, se les ocurrió fundar una ciudad a los 2.600 msnm y el páramo les cobró de que manera. Esto ha empezado mal. La falta de control permanente del cuerpo físico, la falta de información y de intervención, contribuyen en mucho a la contaminación como carga social y cultural, que hace más grave el problema de la ecología del río.

El río Bogotá se encuentra abandonado a su suerte, abandono producto de la irresponsabilidad del estado, de la indiferencia social y de la ignorancia de las fuerzas económicas, que buscan afanosamente el retorno de la inversión en el cortísimo plazo, negando cualquier posibilidad de respeto a los derechos ambientales, que se cruzan, enredan y entrelazan con los derechos humanos, como lo es, muy especialmente, el derecho al agua de todos los habitantes del planeta; el derecho al agua como bien público. Con cierto lenguaje posmoderno se habla de desarrollo sostenible, pero cómo puede ser sostenible el desarrollo si este se basa en la productividad industrial y empresarial, sobre y con el consumo de los recursos naturales que no se renuevan para sí, ni en sí, acaso será renovable el agua contaminada, puede serlo, pero en lluvia ácida. Un río que a pesar de su estado catastrófico, genera inmensa riqueza, ya que se riegan con sus aguas envenenadas, miles de hectáreas de cultivos de hortalizas y verduras, se riegan miles de hectáreas de pastos, para alimentar a miles de vacas que producen miles de botellas de leche, leche que usted y yo tomamos sin que nadie nos garantice la salubridad de estos alimentos, hortalizas que usted y yo consumimos y compramos en cualquier tienda o supermercado, sin que se nos diga con qué clase de agua han sido regadas.

Generación de energía, producción de flores, flores que son vendidas en New York para saciar la ansiedad de la enamorada furtiva y seducida a punta de rosas, claveles y pompones, siete botellas de agua por una flor, una rosa “ESTA ROSA FUE TESTIGO, DE ESTE QUE SI AMOR NO FUE, NINGÚN OTRO AMOR SERÍA” León de Greiff, producción de cerveza, ocho botellas de agua por una pola y una borrachera y miles de productos industriales que utilizan el agua como materia prima o como refrigerante de sus máquinas, sin que casi nadie se pellizque ante semejante situación, situación que habla claramente de nuestro comportamiento bárbaro y poco inteligente.

El río Bogotá es un bien público, un bien económico público, es un bien natural que transporta el agua, que además de sagrada, es un derecho humano. Escribe el profesor Alfonso Pérez Preciado ……… Desde su nacimiento hasta su desembocadura, los aportes de aguas residuales hacen que el río Bogotá presente niveles crecientes de contaminación biológica, química y física, en la medida en que recibe las descargas de sus distintos tributarios, lo que lo convierte en la mayor alcantarilla abierta de Colombia. La contaminación biológica es muy alta entre la desembocadura del río Juan Amarillo y Alicachín (embalse del Muña). Los valores máximos los alcanza aguas abajo del Tunjuelo, una vez que el río ha recibido la totalidad de aguas residuales de Bogotá. En este tramo la DBO alcanza valores medios cercanos a 143 mg/l, con cargas orgánicas del orden de las 403 ton O2/día. Los coliformes totales suben a 28 millones en promedio, con picos de hasta 79 millones (NMP/100 ml). No obstante que la contaminación biológica disminuye aguas abajo de Alicachín, ella continúa siendo alta hasta el río Magdalena, al cual le vierte una carga orgánica equivalente a 134 ton O2/día. Aguas arriba de la desembocadura del río Juan Amarillo, el Bogotá presenta condiciones biológicas muy distintas, con cargas orgánicas, por lo general, inferiores a 10 ton O2/día, aunque se presenta un pico secundario en el tramo Cajicá Chía, a causa de las descargas domésticas e industriales del sector. Se estima que el río Bogotá vierte al Magdalena, diariamente, las siguientes cantidades de contaminantes químicos y físicos: 318 kg de cromo, 278 kg de plomo, 140 ton de hierro, 1.11 ton de detergentes y 835 ton de sólidos en suspensión, entre otros.

¿Cómo impacta?

Así describe el profesor Pérez Preciado los efectos por la alta contaminación del río Bogotá. Las condiciones extremas de contaminación biológica, química y física de los ríos Salitre, Fucha, Tunjuelo y Bogotá han impactado severamente otros elementos del medio natural y socioeconómico de la región y de la ciudad:

•Los lodos del lecho de los ríos, hábitat de la fauna bética, presentan altos contenidos de metales tóxicos. Las investigaciones han encontrado concentraciones de hasta 9 mg/kg de cadmio, 187 mg/kg de cromo, 20 mg/kg de cobre, 133 mg/kg de plomo, 25 mg/kg de mercurio, 49 mg/kg de níquel y 194 mg/kg de zinc en los lodos del río Bogotá, especialmente frente a la ciudad. Asimismo, se han encontrado altas concentraciones de plaguicidas organoclorados, especialmente de lindano (16 mg/kg), heptacloro (331 mg/kg), heptacloro epóxico (0.38 mg/kg) y dieldrín (4.8 mg/kg).

•La ictiofauna ha desaparecido de la mayor parte del río Bogotá, en particular desde la desembocadura del Juan Amarillo hasta el Magdalena. En el pasado, el curso alto del río Bogotá y sus afluentes era rico en peces autóctonos como el capitán pequeño (Pigydium bogotensis), el capitán grande (Eremophylus mutisii) y la guapucha (Grundulus bogotensis). En los decenios del 50 y del 60 se introdujo la trucha (Salmo gairdnerii) y más tarde la carpa (Cyprinus carpio). Todas estas especies desaparecieron del curso del río Bogotá, especialmente abajo de la desembocadura del río Negro, así como también de los cursos inferiores de los ríos Negro, Frío, Chicú, Balsillas, Juan Amarillo, Fucha, Tunjuelo y Soacha. También, desaparecieron del embalse del Muña, el cual presenta condiciones polisapróbicas, con procesos de eutroficación avanzada. La trucha se mantiene hoy en los sectores altos y tormentosos del río Bogotá y sus tributarios, libres de contaminación, y en los embalses del Sisga, del Tominé, del Neusa y algunas lagunas naturales (Siecha, Guatavita, Chisacá y otras). En el curso medio e inferior del río, los peces nativos también desaparecieron en su totalidad, como consecuencia de la fuerte contaminación. Entre ellos los más importantes desde el punto de vista económico son el bocachico (Prochilodus reticulatus magdalenae), el bagre pintado (Pseudoplatystoma fasciatus), el coroncoro (Plecostomus tenuicauda), la dorada (Salminus affinis), la sabaleta (Brycon rubricauda), la arenca (Triportheus magdalenae), la dorada mueluda (Brycon moorei moorei), el barbudo (Pimelodus clarias) y otros. Estos peces forman parte de la región ictiofaunística del Magdalena, para la cual se han reportado 166 especies de peces, de las cuales 26 con importancia económica (Dahl, 1971; en Valderrama y Zárate, 1989; en Epam, 1993).

•Las aguas contaminadas del río Bogotá ha originado altos contenidos de microorganismos y de metales tóxicos (mercurio y cromo) en algunos alimentos. Así por ejemplo, se han encontrado contenidos de hasta 2.2 millones de coliformes y 7.4 millones de microorganismos totales (NMP/100 ml) en leche producida con pastos regados con aguas del río Bogotá. Muestras llevadas a cabo en 18 sitios a lo largo del río arrojaron un promedio de 5.1 ppb de mercurio en la leche. Otras mediciones han detectado contenidos de 24,000 colonias de bacterias totales y 320 de coliformes totales en verduras cultivadas cerca al río. Estos valores superan ampliamente los niveles permisibles para consumo humano (ICTA-UN, 1984; Universidad Nacional, 1987; Pinzón B. y Rico E., 1983; en Epam, 1993).

•Con respecto a la vegetación, el río presenta una baja densidad de macrofitas acuáticas, a causa de la velocidad del agua y de las obras de corrección que ha sufrido. En los sectores de meandros se observan macrofitas enraizadas y algunas flotantes que sirven como sustrato y/o alimento de macroinvertebrados acuáticos que ayudan a mineralizar la materia orgánica y a controlar las concentraciones de sustancias tales como metales pesados y fenoles

•Las comunidades humanas cercanas a las corrientes contaminadas acusan enfermedades de origen hídrico en proporciones muy superiores a las que presentan comunidades alejadas de los ríos. En efecto, algunas investigaciones han demostrado que la frecuencia media de las afecciones de origen hídrico es mayor en los sectores cercanos (1.49%) que en los alejados (0.40%). Las enfermedades más frecuentes son las bacterianas y las digestivas (amibiasis, shigellosis, intoxicación alimentaria, enteritis, diarrea, otras bacterianas, gastritis y duodenitis), las cuales ocurren con frecuencias de hasta 6.5 y 8 % en barrios cercanos al río (Fontibón y Tunjuelito), frente a 2.5 y 1.5 % en barrios alejados (Chapinero y Prado Veraniego). En ciertas enfermedades parasitarias, como la helmintiasis, estas frecuencias van desde 5.5% cerca al río (Fontibón) hasta 0.93% lejos del río (Chapinero). Lo mismo sucede con las virales (hepatitis y otras), para las cuales las frecuencias encontradas van desde 2.7% en Tunjuelito (cerca) hasta 0.5 en Prado Veraniego (lejos). Sobre este particular conviene anotar que la población directamente expuesta a las aguas contaminadas del río Bogotá y de sus tributarios urbanos suma más de 500.000 personas (valor estimado antes del censo de 1993, que determinó para Bogotá una población bastante mayor que la de las estimaciones hechas con base en los censos anteriores), en general de bajos ingresos, lo que deja ver la magnitud del problema.

•Asimismo, las infraestructuras de suministro de agua potable acusan altos costos adicionales de construcción y mantenimiento, debido a la alta contaminación. En efecto, algunos municipios localizados muy cerca del río Bogotá han tenido que conducir el agua de consumo desde puntos localizados hasta más de 20 km de distancia, lo que se refleja en un mayor costo de suministro (con respecto a si se pudiera utilizar las aguas del río). Otros municipios tienen que tratar con sus propios medios el agua altamente contaminada para atender sus necesidades, con un costo elevado (caso de Agua de Dios). A lo anterior habría que agregar el costo de los racionamientos que sufren otros municipios de la cuenca baja, por la escasez del recurso hídrico.

•La generación hidroeléctrica que se realiza en la cuenca media del río Bogotá también acusa el impacto de la contaminación de las aguas de generación, debido a los mayores costos de bombeo al embalse del Muña; a la corrosión de los túneles y de los equipos electromecánicos, que también se refleja en mayores costos por reparación de filtraciones y reposición más frecuente de equipos); y a los problemas generados por la contaminación del embalse del Muña sobre las comunidades y actividades ribereñas y sobre la propia vida útil del embalse.

Problemáticas asociadas

Es importante saber que el río en la cuenca media tiene cero (0) oxígeno, lo que significa que no hay vida de ninguna naturaleza, es un río muerto. Esto lo hemos registrado desde la primera navegación por el río en 1997 y fue confirmado ese nivel de oxígeno de cero (0) en la cuarta navegación en 2015. Los problemas asociados a la alta contaminación del río Bogotá podemos resumirlos así: pérdida de vida, especialmente de fauna acuática, pérdida de biodiversidad, pérdida de oferta hídrica para el consumo humano, altos costos para el tratamiento de las aguas contaminadas, pérdida de bosque y ausencia de él, pérdida de paisaje y ausencia de él, acumulación de basuras y presencia de enfermedades hídricas, alta sedimentación, malos olores, liberación de metano por descomposición de materia orgánica y contribución al calentamiento global.

Soluciones y acciones transformadoras

La descontaminación del río ha resultado muy compleja especialmente por falta de voluntad política, incompetencia y corrupción, descontaminar un río es un evento de alta complejidad y en la fundación pensamos que sería mejor pensar en no contaminarlo para no tener que descontaminarlo, resulta esto, más inteligente y mucho más económico. A lo largo de las 4 navegaciones que hemos realizado nos encontramos con un río totalmente deforestado en sus orillas, ausencia total de bosque ripario, causando esto una total ausencia de avifauna y perdiendo la posibilidad que las aves cumplan su función ecológica de restaurar el territorio. En este sentido la fundación se ha asentado en la cuenca alta en Suesca y allí desarrollamos nuestro proyecto bandera de sembrar 1.500.000 árboles nativos de bosque andino construyendo el bosque ripario entre Villapinzón y Cota (cuenca alta) La mejor recomendación que podemos hacer después de 26 años de trabajo es la de reflexionar y actuar bajo este precepto.

SE TRATA DE NO CONTAMINAR, PARA NO TENER QUE DESCONTAMINAR.

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