El Agua Pintada

 

El Agua Pintada

 

 

 

El problema de la contaminación de las aguas, como todos lo sabemos, es cada día una inquietud mayor para quienes habitamos el planeta, y Colombia no es la excepción, por los miles de asuntos que debe atender, por la carencia de recursos y por la magnitud del problema, poco o nada hace en esta materia. Son entonces las entidades privadas, y en especial las ONG, quienes han ido asumiendo el liderazgo para dar soluciones a esta preocupación de primer orden.

 

La Fundación Al Verde Vivo desde hace varios años ha hecho una serie de expediciones de investigación a lo largo del río Bogotá, y hasta el momento ha logrado ya la recuperación de 12 Km de su trayecto a la altura de Suesca. Los costos que demandan esto trabajos son altísimos y los recursos que logran conseguirse para ello nunca son suficientes.

 

Buscando la forma de allegar fondos para la realización de estas labores se diseñó el proyecto El Agua Pintada.

 

El proyecto El Agua Pintada se propuso reunir una serie de visiones gráficas personales sobre el agua, realizadas por un grupo de importantes artistas de la plástica nacional, con el fin de reproducirlas en formato de tarjetas y otros impresos para que sean adquiridas por las empresas y utilizadas como mensajes a sus clientes.

 

La colección que se ha formando con estas obras es patrimonio de la Fundación  y podrá ser donada o vendida por estas a un museo o entidad cultural que las conserve, respetando el debido derecho intelectual del autor, y el producto de esta negociación, si lo hubiere, será utilizado para proyectos específicos de ambas  entidades. De la misma manera, una vez conformado un grupo importante de  imágenes ejecutadas por los artistas, se buscará la forma de hacer tanto exposiciones itinerantes, como también la edición de un libro que haga perdurable e histórica esta convocatoria.

 

Los recursos obtenidos con El Agua Pintada serán utilizados en dar continuidad a los proyectos del río Bogotá por parte de la fundación al Verde Vivo.

 

El Agua Pintada es una antología singular. No suelen hacerse antologías de artistas. Conocemos, malas y buenas, las de nuestros narradores, cronistas, ensayistas… dedicadas a Bogotá, al Hijo, a la Poesía Joven, a La Mejor… Ésta que hoy comienza con 55 artistas, está dedicada al agua, a cuyas orillas han crecido las civilizaciones, y ante cuya ausencia han muerto o emigrado.

 

El Agua Pintada es una antología rica en expresividad y sentidos, en metáforas y analogías, en materiales, texturas, técnicas y formas, tan rica y dúctil como el agua misma, en verdadero lenguaje, que mágicamente disuelve la confusión de Babel, levantada sobre, la arrogancia-, y que se nos entrega como un espejo vivo, donde el hombre puede ver su inasible intimidad, sus tempestades, su claridad, su devenir en el tiempo y hasta el Tiempo mismo. El agua, ese antiguo mineral, rodeándonos  con su constelación de voces que nos llaman. Tal vez la  propuesta de este primer volumen sea la de hacernos volver la mirada, y el alma, hacia el agua, la que cabe en el canto de una mano  o golpea los acantilados.

 

No solemos hacer antologías de esta índole, para escudriñar en nuestro inconsciente y en nuestra geografía, en el rumbo de nuestra cultura y en las criaturas de la sangre (un agua tal vez más turbulenta), en los espejismos y en la luz real de las cosas.

 

En la Holanda del siglo XVII se hablaba de los pintores como “el maestro de las sedas”, el” de la porcelana y la platería”, el “maestro de los paños” o de “los árboles”, el “maestro de la niebla”, el “de los cristales” –Chardin, por ejemplo, fue el “maestro mágico del silencio”, lo digo pensando en Van der Meer de Delft- Esta antología propone “el agua” no como una seda o una porcelana, sino como un tema de la naturaleza, un elemento capaz de nombrar al hombre. Claro, eso depende de  nosotros (“el arte siempre ha sido lo que el hombre ha podido ser”), y no del agua, una extensión mayor aún que la del sueño.

 

 En las antologías de los poemas a Dios, hemos visto que Dios no le habla al hombre; en la de los dedicados “a la patria”, que está hoy en una fosa común; en la del padre…Y en la del Agua, que ella aún nos habla, a pesar de que ya “no creemos en la Naturaleza ni en nosotros, porque todo es desconfianza, prisa, pues nos falta el tiempo para pensar”. Hemos triunfado sobre la Naturaleza y creado ríos de muerte, pero de todo, el agua aún desciende silenciosa a nuestras ciudades, dócil, pero también viva y libre. Así podemos ver aquí mares de tela y cobre, viejos buques humeando sobre la piel del horizonte, aguas brillando como joyas o como algo sagrado, aguas viajando tranquilas en el viento, aguas en primavera, doradas, imaginarias, aguas recordadas, celestes, de colores muy vivos o lejanas, aguas que invitan a la soledad, a la quietud, al encantamiento, o aguas como un mundo sobre el cual avanzamos cargando un animal muerto…

 

Los antiguos creían que el agua era el símbolo vivo de la eternidad, ojalá el proceso no los desmienta.

 

 

SANTIAGO MUTIS D.

Bogotá, Septiembre de 2002

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